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Estática

Los finos rayos de luz se filtraban a través de las copas de los árboles, reflejándose sobre su cabello largo y rizado como en un espejo dorado. Los niños jugaban y chillaban a su alrededor mientras los loros graznaban como locos.

Ella permaneció de pie, estática, y apretó los puños. Las risas se la tragaban y los sonidos la engullían por completo. El mundo se la había comido, y ahora esperaba en su estómago lista para desaparecer.

Su voz no existía, su presencia era apenas imperceptible, porque ella estaba sola.

Cerró los ojos y se rio. Después pegó tal chillido que hizo que los pájaros volaran, espantados, de sus escondrijos. Sus plumas de colores brillaron bajo la puesta de sol. Los niños callaron y todo el mundo la miró. Había sentido la tierra temblar bajo sus pies.

Si las risas se la tragaban, ella reiría más fuerte. Si los sonidos la engullían, ella gritaría con más potencia. Si el mundo quería que desapareciera, entonces ella haría temblar hasta los cimientos. La gente apartó la mirada, como si se tratara de una loca. De hecho, si así era, no le importaba en absoluto.

 

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