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Valentina

valentina abril

Valentina Abril había vivido siempre con el olor de la muerte en su garganta y la sangre de los inocentes grabada en los ojos.

Por eso suspiró, depositando en las manos del soldado su pistola, que desde los seis años había sido la parte más importante de su cuerpo. Comenzó a llorar de puro alivio. El hombre la estrechó entre sus brazos. <<La guerra ha acabado>>, le susurró. Los ojos azules de ella se iluminaron, y se llevó las manos a la cabeza. Sonrió. Al fin dejaría crecer su cabello negro, sin temer que grandes manos pudieran , seco y pestilente. No tuvo que preguntarse cuál de los dos era ella; la respuesta corría en el interior de sus venas y la llevaba tatuada en cada pedazo piel. Ella era la rosa nacida en el cementerio, que alzaba la mirada hacia el manzano y solo podía soñar con alcanzarlo.

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